Opinión
Por Mario Guarda , 28 de abril de 2024 | 11:30

La leyenda del jerarca nazi que levantó una empresa en Futrono (segunda parte)

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Martin Bormann. Créditos: Infobae. / Juan Keller. Créditos: Centro Cultural La Unión.
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¿Era el empresario Juan Keller en realidad un jerarca nazi prófugo de la justicia? Durante décadas se afirmó que sí. En esta crónica se exponen testimonios y argumentos históricos sobre el tema.

Tras adquirir predios e instalar un aserradero con el que inició una rentable explotación forestal en el sector de Cerrillos, comuna de Futrono, el nombre de Juan Keller Keller se posicionó en la zona. 

La actividad forestal era uno de los principales rubros de Futrono y en ese sentido Keller vino a dar mayor dinamismo a la economía local, siendo hoy recordado por sus antiguos trabajadores y también por los comerciantes de la época que lo conocieron. 

Esa posición y reconocimiento tuvo su término en abril de 1960, cuando el patrón anunció que se tomaría unas vacaciones en el extranjero para nunca más retornar. 

Los acontecimientos que siguieron, para sorpresa de todos, vincularon a Keller con un supuesto pasado como poderoso jerarca nazi y prófugo de la justicia, cuyo nombre era Martin Bormann.

“La Cuestión Judía ya no puede ser resuelta mediante la emigración, sino mediante el uso de la fuerza implacable en los campos especiales del Este”. Frase de Martin Bormann, en referencia a lo que serían los campos de concentración para judíos. 

“Era una empresa seria” 

Hernán Vásquez, domiciliado en Llifén, hoy tiene más de 90 años y comparte que a inicios de la década de 1950 trabajó en el hotel de Futrono, lugar donde conoció a Juan Keller, ya que el empresario solía hospedarse allí, señalando que era un hombre alto y robusto, “un tremendo elefante”, grafica Vásquez. 

En una oportunidad intentó conseguir trabajo en las faenas de Cerrillos sin suerte. Vueltas de la vida, dos meses más tarde se dirigió a playa Huequecura con una yunta de bueyes para sacar un enorme laurel que se encontraba flotando en el lago. 

Vásquez asegura que Juan Keller se encontraba en el mismo lugar y toda la maniobra que realizó para sacar el árbol desde el agua fue grabada por el alemán con un artefacto que llevaba consigo. Luego se dirigió a él para ofrecerle trabajo en Cerrillos, seguramente al comprobar su pericia al extraer el laurel desde el lago. 

“Keller me grabó y me dijo “mira ¿por qué no me vas a trabajar a Cerillo?””, fueron sus palabras con inconfundible acento extranjero. Acto seguido le entregó a Vásquez un papel escrito por él, con el que el llifenino se presentó en Cerrillos para comenzar a trabajar en la faena maderera. 

“Era una empresa seria”, enfatiza Hernán Vásquez, señalando que había tractores potentes y varios camiones que trasladaban toda la madera de raulí hasta el puerto de Huequecura. 

Madera acopiada en playa Huequecura, año 1953. Créditos: Recopilada por Consultora Roffeln.

En cuanto al sistema de pago a través de la pulpería, asegura que era algo “exagerado”. “La harina la entregaban por sacos, yo cuando trabajé en Futrono salía con 15 ó 20 kilos de harina de los almacenes, allá se entregaban tres a cuatro sacos de harina, era una empresa rica”, indica. 

Ese dato es relevante, ya que en aquel tiempo un saco era equivalente a 80 kg. Y se entregaban víveres no perecibles como fideos y azúcar, entre otros. “Como un supermercado era, lo que no daban era fruta”, complementa el extrabajador de Juan Keller. 

Otro testigo de esa época es Norberto Molina, vecino del sector Caunahue, extrabajador maderero en Cerrillos quien, en 2019, señaló a Diario Futrono que Juan Keller era “grande y gordo”. 

Es claro al señalar que el alemán no era un mal patrón, a pesar de que, según las costumbres laborales en aquel tiempo, se trabajaba “de sol a sol”, lo que era compensado con la disposición de víveres en la pulpería para los trabajadores. 

De vacaciones a Francia 

Así transcurrieron cinco temporadas de exitoso negocio para el alemán, lo que atraía a los trabajadores ya que Juan Keller, además, adquirió fama por ser “buen pagador”, característica al parecer no muy habitual entre los patrones de la época. 

Eso hasta abril de 1960, cuando Keller desaparece inexplicablemente, dando paso una vez más al misterio. 

“Cuando desapareció don Juan, en el año 60, le dijo a mi papá: Oye, págale a la gente que yo me voy de vacaciones un mes a Francia”, reveló Baldemar Guzmán. 

“Mi papá, como era de confianza, le pagaba con cheques a la gente”, agregó, lo que era habitual y aceptado en esos años. 

“Mi papá confió que don Juan le depositó en el Banco Osorno y La Unión de esos años, y le pagó a toda la gente en el mes de abril (de 1960)”. Poco tiempo después comenzaron a llegar los cheques protestados, pues no contaban con fondos y nada se sabía del empresario. “Ahí se empezó a investigar qué pasó con don Juan”, recordó Guzmán. 

De los datos que guardó en su memoria, Guzmán reveló que el patrón contaba con cuantiosos recursos monetarios frescos al momento de su desaparición, provenientes de dos fuentes. 

“Días antes de que dijera que se iba de vacaciones a Francia, le vendió toda la producción de la temporada a Merso (sic) que era de Puerto Montt y más encima pidió un préstamo al Banco del Estado”, afirmó Baldemar Guzmán, añadiendo que la producción de la temporada ascendía a, por lo menos, 10.000 pulgadas de madera. 

Desaparece Juan Keller y aparece Martin Bormann 

Fotografía de Juan Keller en su documento de identificación. Créditos: Riobuenonoticias.cl

De acuerdo a las memorias de su padre y de lo que posteriormente leyó sobre Juan Keller, Baldemar Guzmán estaba seguro de que el alemán no desapareció en forma fortuita, sino que todo obedeció a un plan muy bien construido de antemano para escapar en caso de ser necesario. 

Además, Guzmán agregó que el patrón solía viajar con cierta frecuencia a Argentina. “Viajaba mucho a San Carlos de Bariloche don Juan, él decía que iba, pero no se sabía a qué”, expresó. 

De allí que Baldemar Guzmán sospechara que Keller tenía contactos nazis en Argentina ya que, un mes después de su desaparición, en mayo de 1960 en Buenos Aires, fue ubicado y apresado Adolf Eichmann, el nazi que articuló la infame “solución final” que significó la muerte para más de seis millones de judíos en campos de concentración en Europa. 

¿Agentes que buscaban nazis alrededor del mundo le estaban pisando los talones a Keller? ¿por qué? La sorpresiva respuesta llegó tiempo después a manos del padre de Baldemar Guzmán. “Cuando mi papá compró la revista VEA y apareció el reportaje”, dijo. 

Efectivamente, en la época dicha revista publicó un reportaje donde se aseguraba que el ciudadano Juan Keller era en realidad Martin Bormann, quien durante la Segunda Guerra Mundial fue el poderoso secretario personal del führer Adolf Hitler y que habría logrado huir de Alemania instalándose en Chile. 

“Mi papá y todos los trabajadores eran ignorantes que don Juan era Martin Bormann”, recalcó Baldemar Guzmán, quien no dudaba del pasado nazi del patrón. 

La principal prueba que la revista sostenía para asegurar la doble identidad del alemán era una fotografía del jerarca nazi, en la que todos quienes trataron con Keller lo reconocieron, tal como lo corrobora Norberto Molina. 

“Me acuerdo yo que lo vi en el VEA retratado, entonces dije, bueno ¡cómo este es Martin Bormann y ahora este es Juan Keller!”, dijo, añadiendo que la desaparición del patrón se debía a que lo buscaban por “cosas que pasaron en otros lados”.   

Por su parte, Hernán Vásquez comentó que, desde ese momento, los trabajadores dieron por sentado que Keller debía ser un nazi que llegó a Chile huyendo de la guerra y se asumió que habría escapado hacia Argentina.   

Nunca más se volvió a tener noticias de Juan Keller, su propiedad y posesiones quedaron abandonadas y pronto vendrían los embargos. 

“Todos los vehículos, los bancos aserraderos quedaron botados, el socio (Carlos Follert) se vino a hacer cargo después de un tiempo de toda esa maquinaria”, asimismo la casa patronal se desarmó. Actualmente aún se pueden encontrar restos de los cimientos de dicha casa sobre un promontorio al interior de Cerrillos. 

El padre de Baldemar Guzmán tuvo que pagarse de lo que le debía Keller con un camión en regulares condiciones, por otra parte, los Guarda recuperaron sus antiguos predios. Quizás la consecuencia más triste fue para Eliana, la hija adoptiva de Keller, quien perdió todos sus derechos sobre las posesiones de su padre. 

¿Era Juan Keller en realidad Martin Bormann? 

Martin Bormann junto a Adolf Hitler. Créditos: Bildarchiv Preußischer Kulturbesitz.

El rastro de Martin Bormann se perdió en Berlín tras el suicidio de Adolf Hitler, saliendo del bunker el 30 de abril de 1945. Fue juzgado en ausencia en Nuremberg en 1946 y sentenciado a muerte. Los tribunales alemanes pidieron su captura y había precio sobre su cabeza. 

Bormann fue declarado oficialmente muerto por una corte de Alemania Occidental en abril de 1973, sin embargo, desde 1945 hubo decenas de testigos que aseguraron haberlo visto en distintas partes del mundo, tal como se describe en el libro “Los nazis en la Argentina” (1992), de Jorge Camarasa. 

“En 1946 en Roma y en el sur de Chile. En 1947 en España, Egipto y Buenos Aires. En 1948 en Montevideo, Bolivia, Buenos Aires y Río Negro (Chile)”, se indica, agregando que en 1957 lo habrían divisado en Bariloche, en 1959 en Osorno, en 1960 en Valdivia, en 1966 en la frontera argentino-chilena, además de varios otros países en distintos años. 

“De esta lista de 68 detecciones en 29 años, cincuenta de ellas se hicieron en América del Sur: 17 en la Argentina, 15 en Brasil, 8 en Paraguay, 4 en Chile, 3 en Bolivia, 2 en Uruguay y una en Perú”, detalla el libro de Camarasa. 

Incluso se agrega que por algunos años en Bariloche existió una tumba, cuya lápida tenía inscrito el sugestivo nombre “M. Bormann”, que era visitada por personas afines al nazismo que le dejaban flores, hasta que fue retirada por manos desconocidas. 

El 27 de diciembre de 1972, trabajadores que realizaban excavaciones para una red de agua en Berlín encontraron restos humanos, dos esqueletos, de los cuales los forenses pudieron determinar que habían muerto al morder cápsulas de cianuro. 

Los registros dentales y las evidencias de una vieja lesión en una clavícula permitieron corroborar que uno de los cuerpos correspondía a Martin Bormann. 

En 1973 las autoridades alemanas de Berlín Occidental ratificaron la muerte de Bormann la noche del 2 de mayo de 1945 mientras intentaba escapar de la ciudad, acorralado por las fuerzas soviéticas optó por el suicidio. 

La palabra final la tuvo la técnica de identificación por ADN en 1998 que, al comparar muestras de los restos con muestras de familiares, se confirmó definitivamente la identidad y muerte de Martin Bormann, según consignó un reportaje del medio Infobae. 

Pero ¿por qué se afirmó durante décadas que Bormann continuaba vivo y eludiendo a la justicia, como un fantasma presente en tantos lugares tan distantes entre sí? La respuesta la entregó el famoso investigador y “cazador de nazis”, Simon Wiesenthal, sobreviviente del Holocausto judío, quien localizó y permitió capturar a varios criminales del nazismo y que también estuvo tras la pista de Bormann. 

“Está muerto, pero durante mucho tiempo se lo creyó vivo”, dijo el legendario cazador de nazis, explicando que fue una confusión la que llevó a muchos a pensar que Bormann seguía activo y ocultándose tras el fin de la guerra, pero ¿qué originó esa confusión? 

“La cara de Bormann no tiene nada de especial”, declaró Wiesenthal. “Uno puede encontrar gente como Bormann en todos los pueblos alemanes y austriacos. Yo diría que de cada 50 hombres, uno se parece a Bormann. Por esa razón la gente empezó a verlo en todas partes”, concluyó. 

Entonces queda para nosotros el misterio más grande: ¿Quién era Juan Keller si ya está descartado que fuera Martin Bormann? ¿por qué desapareció sin dejar rastro? ¿de qué huyó? 

Bien se tratara de un hábil estafador o quizás verdaderamente de un antiguo nazi, el enigma permanece hasta la fecha, hipótesis puede haber varias, pero tras 64 años de perderse toda pista de su paradero, difícilmente se sabrá su real origen y destino. 

El misterio del arsenal 

En lo que respecta a las posesiones de Juan Keller, aún queda otro misterio no explicado: ¿qué pasó con las armas y explosivos que el alemán poseía y guardaba en Cerrillos? 

“Yo lo vi eso”, reveló Baldemar Guzmán sobre el arsenal. “Había fusiles y rifles de repetición”, afirmó sobre el armamento que Juan Keller usó especialmente en el tiempo que mantuvo el conflicto con los hermanos Guarda. 

La forma en que se zanjaban los problemas entre hacendados hace 70 años, dista de las costumbres más civilizadas que son de uso común en la actualidad. 

Keller tenía gente contratada para defender su predio, es decir, gente armada. De hecho, los testigos de la época dan cuenta de al menos un enfrentamiento con armas de fuego entre los contrincantes, donde hubo una víctima fatal. 

Incluso Juan Keller hizo instalar dinamita en el acceso al predio, previendo que, si los Guarda y su gente se acercaban al lugar, haría activar el explosivo, lo que finalmente no ocurrió. 

Juan Keller Keller. Créditos: Centro Cultural La Unión.

Junto con confirmar la presencia del armamento en el lugar, Baldemar Guzmán aseguró que, al igual que su padre, no tuvo noticias de qué pasó con dicho arsenal, ya que Juan Keller “tenía su gente que trabajaba y también tenía su gente que cuidaba”. 

Así que, por un tiempo, más de alguien rumoreó que posiblemente esas armas estarían enterradas en algún punto del sector de Cerrillos. Quien sabe.  

Por último, y como dato curioso, el Centro Cultural La Unión mantiene una de las escazas fotografías que de Juan Keller se conservan, de la época que estuvo en dicha comuna y que gentilmente compartieron para esta publicación, reiterando la relación que el alemán tuvo con esa ciudad. 

La investigación de Rodríguez, Quagliaroli y Sommer recogió testimonios de quienes aseguran que Keller donó los pastelones para la Plaza de la Concordia, de La Unión, y que esos elementos estaban dispuestos de tal forma que, en aquel tiempo, era posible apreciar esvásticas, el conocido símbolo nazi, en el suelo de la plaza.  

Muchas otras cosas se dijeron en el pasado sobre este supuesto Martin Bormann: que llegó a Chile en un submarino alemán, que trajo oro de los nazis, que varias personas que conocieron detalles de su vida terminaron misteriosamente muertas, entre otras versiones. 

Como se puede ver, los enigmas en torno a Juan Keller con los años no han disminuido, por el contrario, han aumentado para alimentar una leyenda moderna. 

Autor: Mario Guarda Rayianque.

Video de Diario Futrono, año 2019, con testimonio recogido por Víctor González.

Hace exactamente 64 años el exitoso empresario forestal Juan Keller desapareció sin dejar rastro. Durante décadas se sostuvo que en realidad era un nazi que se ocultaba entre La Unión y Futrono. Un testigo de la época entregó su testimonio.

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