Reportajes
Por Vasti Abarca , 30 de octubre de 2022 | 13:26

Carlos Millán, el prometedor universitario chilote que desapareció en Valdivia sin dejar rastro

Carlos Millán Cárdenas desapareció la madrugada del 1 de octubre de 2005. Crédito fotos: Cedidas
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Apasionado por el fútbol, fue el primer puntaje de su carrera y ya tenía metas trazadas en su tierra natal. A dos semanas de cumplir 21 años, en octubre de 2005 fue visto por última vez en el centro de la ciudad. Un mar de testimonios nunca dieron una gota de certeza.

Por Vasti Abarca

Pelo negro y ruliento, de pocas palabras, pero muchos amigos. Carlos Millán era reservado e incluso podía parecer tímido, pero nunca pasó desapercibido, menos en la universidad.

Descrito por algunos como un chico callado, por su semblante sereno y quitado de bulla, no era el que ponía la música en las fiestas, pero sí el que participaba en todos los bailes. Aunque algunos dicen que tenía pocos amigos, su inexplicable desaparición demostró todo lo contrario.

Ese octubre de 2005, todos se comenzaron a movilizar después de que el grupo de amigos universitarios de Carlos decidiera poner una denuncia por presunta desgracia, tras percatarse que durante dos días no contestó llamadas ni se presentó a una importante prueba.

Y quien lo conocía, sabía que ese comportamiento no era propio de Carlos.

Carlos Millán. Crédito: Cedida

El chilote podía pasar horas caminando tomando fotos con su cámara Kodak. También le dedicaba tardes enteras a jugar fútbol, del que era un apasionado; pero siempre hallaba la manera de no descuidar sus estudios, manteniéndose siempre entre los primeros lugares.

Y aunque a veces se le veía retraído, sus dotes futboleros se tradujeron en un sólido grupo de amigos de la universidad, sobre todo después de compartir un montón de partidos, donde se destacó y se hizo conocido en el campus como el chascón de Turismo bueno para la pelota.

Sueños en Chiloé

Siempre alumno ejemplar, llegó a la universidad becado por el Liceo Domingo Espiñeira Riego, de Ancud, donde estudió entre 1999 y 2002.

En 2003, Carlos de 18 años, entró como primer puntaje a la carrera de Administración de Empresas de Turismo en la Universidad Austral. 

Su pasión por desarrollar el turismo en la isla grande, lo llevó a decidir trasladarse a Valdivia donde impartían la carrera. Era muy joven, pero ya soñaba en grande y tenía trazadas varias metas, por lo que cumplía con responsabilidad sus propias expectativas. 

Había heredado una parcela en Chiloé por parte de su abuelo paterno, y con su padre, Hugo Millán, se imaginaban un mundo de posibilidades para concretar juntos. 

Carlitos, como le dicen sus cercanos, llegó a Valdivia con la idea de montar un proyecto turístico en ese terreno, que fuera innovador y un aporte para el turismo chilote, donde veía que había mucho por hacer.

Ese último año

En 2005, Carlos ya estaba en el tercer año de su carrera y veía cerca la meta.  El verano de ese año incluso realizó una pre-práctica en una empresa de turismo chilota, que no era remunerada y tampoco le significaba crédito académico, pero sí se traducía en aprendizaje. 

Sus amigos, que ahora están a puertas de los 40 años, tienen intacta en la memoria una anécdota de sus tiempos universitarios, donde la prometedora historia de Carlos se quedó.

En un video que enviaron a la familia hace dos años atrás para la fecha de su cumpleaños, recuerdan un verano en que invitó al grupo a Chiloé. 

El estudiante de Turismo tenía claro lo que era una experiencia inolvidable, y sin que ninguno sospechara, como buen chilote se levantó temprano y preparó un sabroso curanto mientras sus invitados dormían en la carpa. Cuando se levantaron, ya estaba todo listo.

El recuerdo de esa sorpresa perdura casi dos décadas después. 

Valdivia

Para octubre de 2005, Carlos vivía en una pensión universitaria ubicada en Aníbal Pinto, aunque los dos años anteriores había vivido con su hermana Pamela, quien estudiaba Ingeniería Forestal en la misma universidad, pero congeló.

En Carlos, la capital regional de Los Ríos despertó nuevos amores, con paisajes por recorrer y nuevas fotos que tomar. Con el corazón dividido, le confesó a su mamá, Cristina Cárdenas, que consideraba la opción de vivir en Valdivia mientras manejaba su futuro proyecto turístico en Chiloé.  

Los últimos paisajes que vieron a Carlos Millán son parte de una ciudad considerada tranquila y segura, aunque por esos años, los casos de desaparición y muerte de los universitarios James Emmott (2002) y Cynthia Cortez (2003), habían removido sus cimientos.

Por última vez

El viernes 30 de septiembre de 2005 fue el último día en que los amigos de Carlos Millán lo vieron. Tuvo un día lleno de actividades, incluyendo pasar la tarde en el parque Saval con su compañero y amigo, Marcos González.

La carrera de Turismo estaba de aniversario y todos sus amigos, menos Marcos que se fue a Osorno, se vistieron de gala y asistieron a la esperada fiesta en el Club La Unión, ubicado hasta la actualidad en pleno centro de Valdivia.

Carlos llegó a las diez y media de la noche, participó en todo lo que pudo participar, y a las 2:30 se despidió de varios amigos y se fue. Nadie notó nada raro.

En algún momento de la noche, probablemente cerca de las tres de la madrugada, se presume que fue a su habitación en la pensión de Aníbal Pinto, dado que encontraron la chaqueta con la que andaba, su celular, su cámara, billetera y dinero.

Además, la dueña de la pensión, Isabel Barril, aseguró en su primera declaración ante Fiscalía que esa madrugada lo escuchó llegar, y luego lo vio de espalda mientras entraba a su habitación, que estaba en el tercer piso. No lo volvió a ver.

¿A dónde fue? ¿Cuándo salió? Sigue siendo un misterio.

El día lunes en la tarde, una amiga de Carlos llamó a su madre Cristina, para preguntarle si había viajado a Ancud porque no sabían nada de él. El grupo estaba preocupado, el chilote se había perdido una importante prueba y no contestaba el celular.

Tal fue la preocupación, que el grupo de amigos entró a la fuerza en su habitación para ver si estaba en el interior con algún problema, pero no lo encontraron. La decisión no fue autorizada por los dueños de la pensión, Pablo Delgado, un ex carabinero con su esposa Isabel Barril, lo que generó tensión mientras llegaba Carabineros. El grupo había puesto una denuncia por presunta desgracia.

Sin rastros

La familia emprendió rauda hacia Valdivia. Llegaron en la madrugada del martes, de amanecida.

Se alojaron en la casa de Víctor Godoi Millán, primo valdiviano de Carlos, quien actualmente es seremi de Gobierno en Los Ríos. Desde ese momento, el lugar se transformó prácticamente en un centro de operaciones en la búsqueda del menor de los hermanos Millán Cárdenas. 

La mañana del martes, la familia realizó una denuncia ante Fiscalía. 

Buscaron en el hospital, por si le hubiera pasado algo, incluso en la cárcel, “porque nadie está libre”, dice Cristina. Recorrieron canchas, avenidas, locales, paraderos. Pero nada.

“En un principio nosotros lo buscábamos como si hubiera tenido un accidente”, explica Pamela Millán, hermana de Carlos, a Diario de Valdivia.

Con los días y sin tener novedades, llegaron refuerzos desde Ancud, y Queilen, de donde es originario el padre de Carlos. Quienes llegaban se sumaban a los numerosos compañeros de universidad que apoyaron desde un principio a la familia en la búsqueda.

Amigos y vecinos recorrieron humedales, quebradas, la salida norte y sur de Valdivia, por donde fuera. Llenaron la ciudad de carteles pidiendo información. 

Las diligencias oficiales en la pensión donde vivía Carlos demoraron, y Pamela junto con su madre, dicen que había pasado menos de una semana cuando los dueños les pidieron sacar las pertenencias del estudiante, sin que la policía ni Fiscalía tomara evidencias suficientes, alegan.

Incluso, Cristina guardó la bolsa de basura que su hijo tenía en la pieza, lo que después fue incluido en la investigación, pero fue por iniciativa propia, nadie se lo pidió ni lo consideró hasta tiempo después, comenta.

Carlos Millán. Crédito: Cedida

¿Una carta y un adiós?

Pamela recuerda con las tripas apretadas la insistencia durante el primer tiempo sobre la hipótesis del suicidio de su hermano. “Lo primero que nos dijeron es que la primavera, durante septiembre y octubre era época de suicidios”, comenta.

Relata que desde Policía de Investigaciones (PDI) le aseguraron a Hugo Millán que su hijo Carlos había dejado una carta despedida, lo que les pareció muy extraño.

“Partí y pedí ver la carta. Cuando llegué, un chico de PDI me dijo que él no entendía por qué hacíamos tanto alboroto si una tía mía le había dicho que Carlos ya había tenido intentos de suicidio antes”, comenta Pamela.

La explicación le pareció inaceptable. Es enfática al contar que su familia es achoclonada, y si una tía tuviera ese tipo de información, no duda en que la habría compartido primero con ellos.

“Si no me dices un nombre yo no te voy a creer porque esto es mentira”, recuerda Pamela que sentenció en esa discusión. Como respuesta, el funcionario trajo la “supuesta carta”, se acuerda.

Y enfatiza: “Pero no era una carta, era un escrito en un cuaderno, que decía algo así como ‘te extraño, eres tan bonita’... eso no es una carta de suicidio, es un pensamiento que él tenía hacia una persona, pero jamás diciéndole me voy a suicidar o quiero terminar mi vida, nada de eso existía”.

Pamela y Cristina miran desde el dolor el trato que les dio PDI. “Fue la (policía) que peor nos trató”, dicen casi al unísono. El recuerdo de esos días implica lágrimas que hasta hoy no tienen consuelo.

Misteriosa llamada

Cuando había pasado una semana desde la desaparición de Carlos, Pamela contestó una llamada que llenó a la familia con un manto de dudas que persisten 17 años después.

Eran tiempos ajetreados, Pamela estaba durmiendo en el sillón del living de su primo Víctor, cuando diez minutos antes de las ocho de la mañana, sonó el teléfono. Al contestar, escuchó la voz de una mujer notoriamente acongojada.

“¿Aquí puedo dar información sobre el universitario desaparecido?”, preguntó con la voz quebrada.

Pamela recuerda que tras una breve conversación, la mujer le dijo que a Carlos lo habían asesinado. “Fue un amigo mío, no puedo decir su nombre”, comentó la mujer. Por la voz, Pamela cree que era una joven de unos 20 años.

Entre la indecisión, la misteriosa telefonista entregó una pista. “Revisen las cámaras de (la bencinera) YPF que está pasando el puente Pedro de Valdivia”. Y luego cortó.

Pamela salió rápidamente hacia la SIP de Carabineros para contarles lo ocurrido. No les avisó a sus padres porque primero quería tener mayores antecedentes. “Me sentía angustiada y no quería alborotar más la cosa porque nosotros estábamos buscando a Carlos vivo”, recuerda.

Carabineros prometió investigar, sin embargo, días después se comunicaron con el padre de familia, Hugo Millán, para advertirle que Pamela estaba “inventando cosas”.

Ante esto, Pamela asegura que fue nuevamente a la SIP de Carabineros para exigir explicaciones. “Me dijeron que habían pedido el registro de llamadas y no había ninguna llamada realizada a ese teléfono desde el día jueves a mediodía hasta el sábado a mediodía”, se acuerda.

Quedó perpleja, dado que se acuerda que cuando le entregó los antecedentes a Carabineros, estando en el cuartel le pidieron llamar al teléfono de su primo, donde llegó la llamada, para pedir datos como el nombre de la compañía telefónica. Pero ese registro tampoco estaba.

“Yo les decía que era imposible porque a mi mamá la llamaban todo el día y todos los días a ese teléfono, además yo había llamado desde Carabineros a ese teléfono”, enfatiza.

Según relata la familia, dos meses tardaron en obtener el documento correcto, y ya era tarde. Aunque pudieron rastrear que la llamada de la misteriosa mujer salió desde un teléfono público cercano al Terminal de buses de Valdivia, donde había cámaras, ya no había registros de video que revisar, dado el corto periodo en que se mantenían en el archivo las imágenes.

“Fue la pista más concreta que tuvimos, pero se la farrearon u ocultaron derechamente”, dice con énfasis Pamela, que reconoce a SIP de Carabineros como la policía que más les ayudó, aunque considera que el proceso investigativo estuvo lleno de falencias e ”incompetencia". 

Según los documentos oficiales de la Fiscalía regional, durante los cinco años en que se extendió el proceso de búsqueda, se realizaron 968 diligencias investigativas, se tomaron 118 declaraciones, además de 60 entrevistas con el fiscal. 

La Universidad Austral también aparece en el archivo judicial, con la interposición de una querella criminal en 2005 por la desaparición de Carlos, donde no descartaban la intervención de terceros.

Pero no hubo avances.

Manifestación por Carlos Millán en Valdivia. Crédito: Cedida

Mar de versiones

En los ocho tomos de la carpeta investigativa, diferentes testigos ubican a Carlos en diferentes lugares. Por mencionar algunos, hay quienes lo ubican la madrugada del sábado en el Puente de Valdivia, aunque reconocen no tener certeza. Otro testigo que iba a bordo de un auto dice que lo vio caminando solo cerca del Terminal de buses de la ciudad. 

También hay otros dos testimonios que aseguran tener total seguridad de haberlo visto en el cabaret La Zulema tomando una coca-cola y conversando con dos hombres que llegaron en una camioneta blanca con vidrios polarizados. Los testimonios sostienen que Carlos y los dos sujetos se retiraron a las cinco de la madrugada, al mismo tiempo, pero en distintas direcciones.

Posterior a eso, al menos dos testigos aseguran haberlo visto alrededor de las nueve de la mañana de ese sábado 1 de octubre por las canchas de Anfa conversando con un sujeto. Ningún testimonio apunta a una trifulca entre Carlos y las personas con las que supuestamente fue visto.

Las distintas versiones desataron un centenar de operativos de rastreo, primero pensando en un posible secuestro, según la carpeta investigativa.

“Se investigaron muchos relatos de donde supuestamente vieron a Carlos, mi papá iba con Carabineros de la SIP, pero nada”, dice Pamela.

Todo un año 

Cristina Cárdenas y Hugo Millán vivieron durante un año y medio en Valdivia buscando efusivamente a su hijo, llegando a solicitar ayuda al entonces Presidente Ricardo Lagos para poder contar con una ecosonda que permitiera rastrear el río.

Durante ese primer año de la desaparición de Carlos, Valdivia y Ancud registraron numerosas manifestaciones y velatones en apoyo a la búsqueda de Carlos. Organizadas por amigos y vecinos, se transformaron en la mayor fortaleza de la familia.

Según Cristina, la causa se intentó cerrar desde un principio y fue el apoyo ciudadano, lo que permitió que se investigara durante cinco años antes de que se archivara definitivamente en 2010.

Eric Aguayo, vocero de la Fiscalía Regional de Los Ríos, asegura a Diario de Valdivia, que se realizaron numerosas diligencias.

“Esta es una investigación que permaneció vigente durante cinco años, periodo en el cual de manera permanente la Fiscalía local de Valdivia, a cargo de la misma, dispuso de una multiplicidad de diligencias, entre ellas más de mil diligencias investigativas, más de 250 operativos de búsqueda y rastreo tanto terrestres como acuáticos, no solo en la comuna de Valdivia y las localidades aledañas, sino que también en ciudades como Puerto Montt, Temuco y Santiago”, detalla.

Y continúa: “Estas diligencias fueron encomendadas a la policía especializada, es decir, se organizó un trabajo con equipos multidisciplinarios tanto de Carabineros como de la Policía de Investigaciones, a lo cual se sumó el apoyo de otras instituciones, particularmente en lo que dice relación con la búsqueda”.

Aguayo reconoce que “pese a todos estos esfuerzos desplegados, no fue posible obtener resultados que por un lado permitieran ubicar a Carlos Millán o atribuir responsabilidad a alguien en su desaparición, es por ello que en julio de 2010, la Fiscalía y de conformidad lo permite la ley, comunicó en una audiencia pública su decisión de no perseverar en el procedimiento”.

Manifestación por Carlos Millán en Ancud. Crédito: Cedida

El vacío que quedó

Los ocho tomos del proceso judicial incluyen un mar de recuerdos de la infancia de Carlos. Diversas páginas muestran viejas copias escaneadas con sus notas de primero básico, incluso declaraciones de sus profesores de enseñanza básica, que cuentan que era un chico muy reservado, pero en los recreos lo veían compartir con compañeros de otros cursos.

La vida de la familia Millán Cárdenas está plasmada en cientos de páginas, incluso con copia de sus remuneraciones, en una inmensa carpeta tras una investigación con cientos de diligencias que no dieron ningún resultado. 

El brillante universitario que tenía imaginado todo un futuro, desapareció sin dejar rastro.

"Él me decía que ya estaba por terminar su carrera y que ahí él iba a salir a trabajar por mi, siempre me lo decía cuando yo llegaba cansada de la pega”, recuerda Cristina. Su hijo sabía que la vida para sus padres no había sido fácil y que con mucho esfuerzo habían logrado darle estudios universitarios a los tres hermanos Millán Cárdenas.

Pero Carlos desapareció a dos semanas de cumplir 21 años. Nacido el 18 de octubre de 1984, actualmente tendría 38 años.

“Encontrar los restitos, para mí con eso es suficiente, me iría tranquila a descansar cuando sea el momento, pero así no puedo vivir tranquila, sin saber nada de él, dónde está, me imagino muchas cosas... y ahí queda, porque no tengo cómo saber nada más”, dice Cristina entre lágrimas.

Sentada junto a su madre, Pamela recuerda al menor de sus hermanos como un chico muy inteligente. En esos tiempos ambos estudiaban con Icarito, no tenían computador, pero él igual se las ingeniaba.

 “Uno a estas alturas ya no busca culpables, no busca castigar a nadie, solo encontrarlo”, asegura. 

En recuerdo de Carlos Millán

Los amigos lo recuerdan y le expresan su cariño todos los años haciendo lo que más le gustaba, jugar a la pelota.

Marcos González cuenta que al año siguiente de la desaparición de Carlos, partieron las pichangas de la Copa Carlos Millán. Aunque oficialmente, se instauraron como una tradición en 2009.

Cuenta que estuvieron años invitando a equipos y se turnaban entre Ancud y Valdivia como escenario de los encuentros. Sin embargo, desde 2019 decidieron darle un giro y bajo contexto de pandemia, se transformó en una cita del círculo más íntimo de Carlos.

“Hacer esta actividad más íntima nos permite tanto a la familia como a los amigos involucrarnos mucho más”, dice Marcos. El principal objetivo siempre ha sido conmemorar el cumpleaños del querido Carlitos, que dejó un vacío imposible entre quienes lo extrañan.

La familia de Carlos Millán siempre hace el mismo llamado, de manera incesante y cada vez que puede: piden que la mujer que los llamó desde el Terminal de buses, los vuelva a contactar. Aunque sea de manera anónima.

Pamela y Cristina insisten en poder “encontrar los restitos” de Carlos, sin buscar culpables. Han pasado 17 años y tienen la esperanza de que una nueva pista, que aguarda en la memoria de esa mujer que los llamó, les permita cerrar este inimaginable dolor con al menos una mínima explicación.

“Es esperar que alguien se apiade de nosotros”, sintetizó Víctor Godoi en una entrevista hace años atrás.

Carlos Millán. Crédito: Cedida

 


 

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